Pipo y el Tesoro Invisible de la Arena
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Había una vez en las costas del centro-sur de Chile, un ave pequeña y valiente llamada Pipo. Pipo era un Pilpilén con un pico rojo como una zanahoria y unos ojos amarillos que brillaban como linternas. Aunque vivía en las dunas y playas de arena, Pipo se sentía triste porque se sentía invisible. Los humanos que visitaban su hogar pensaban que Pipo era una paloma común de ciudad; no sabían que sus huevos parecían piedrecitas mágicas escondidas en la arena. Por eso, muchos caminaban sobre ellos o dejaban que sus perros corrieran por donde Pipo cuidaba a su familia. Un día, un grupo de 31 pequeños exploradores de cuarto básico llegó a la playa con una misión especial: romper el hechizo de la invisibilidad. Al principio, cuando intentaban dibujar a Pipo, hacían círculos borrosos que parecían gorriones de plaza. Pero entonces, los guías les enseñaron el ‘Poder de la Observación Real’. Los niños cerraron los ojos, escucharon el rugido del mar y luego abrieron sus cuadernos. Con lápices en mano, empezaron a estudiar cada detalle: el color de las plumas de Pipo, la forma de su nido y cómo se camuflaba con el paisaje. A medida que sus dibujos se volvían más reales, el hechizo se rompía. Los niños descubrieron que Pipo no era un ave cualquiera, sino un guardián de la costa que necesitaba espacio y respeto. Al final de la aventura, los exploradores ya no veían solo un pájaro; veían a un habitante importante del ecosistema que debían proteger, prometiendo que nadie más volvería a pisar el tesoro invisible de la arena.

La Ciencia Real
Los investigadores descubrieron que enseñar a los niños a realizar dibujos realistas de la naturaleza ayuda a que reconozcan y valoren especies nativas que antes confundían con animales comunes. Este método mejora la conciencia ambiental y ayuda a proteger aves como el Pilpilén, cuyos nidos en la arena son muy vulnerables a la actividad humana.
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