28.800 patitos: Una odisea científica en el mar
En 1992, un contenedor cayó de un buque de carga en el Pacífico Norte, liberando 28.800 patitos de goma y otros juguetes de baño. Lo que parecía un simple desastre comercial se transformó en un experimento científico accidental que permitió rastrear las corrientes oceánicas por todo el mundo.
El periodista Donovan Hohn decidió investigar este fenómeno, viajando desde Seattle hasta el Ártico para documentar la ruta de estos «náufragos». Su investigación, plasmada en el libro «Moby-Duck», revela que estos juguetes recorrieron miles de kilómetros, llegando incluso a costas de Alaska y el Atlántico.
El comportamiento de las corrientes oceánicas
Los científicos utilizan estos vertidos accidentales para obtener datos valiosos sobre el movimiento del agua. Según los expertos, las corrientes no funcionan como ríos estáticos con orillas definidas; son entes dinámicos que serpentean y cambian según la estación.
Seguir la trayectoria de estos objetos flotantes ayuda a los oceanógrafos a entender la variabilidad del mar. Es un proceso similar a observar cómo el viento mueve las nubes, permitiendo mapear rutas que, de otro modo, serían invisibles para nosotros.

El mito de la «isla de basura»
Uno de los puntos más críticos de la investigación de Hohn es la aclaración sobre las zonas de convergencia, comúnmente llamadas «manchas de basura». Contrario a la creencia popular, no son islas sólidas de desperdicios que se pueden caminar o fotografiar fácilmente desde un satélite.
En realidad, se trata de concentraciones masivas de plástico esparcidas por millones de kilómetros cuadrados. Gran parte de este material flota justo debajo de la superficie, lo que lo hace invisible a simple vista pero sumamente peligroso para el ecosistema.
El peligro invisible de los microplásticos
A diferencia de los restos orgánicos, el plástico no se biodegrada. En su lugar, sufre un proceso de fotodegradación: la luz solar rompe el material en fragmentos cada vez más pequeños hasta convertirlos en microplásticos.
Persistencia: Estos materiales pueden durar siglos de forma química en el ambiente.Cadena alimentaria: Los fragmentos diminutos son ingeridos por especies marinas básicas. Bioacumulación: Los contaminantes se concentran en los depredadores en la cima de la cadena trófica.
La fragilidad del transporte marítimo
El incidente de los patitos no es un caso aislado. En 1998, el buque APL China perdió 407 contenedores en una sola noche debido a un tifón. Las imágenes de barcos llegando a puerto con sus cargas colapsadas como fichas de dominó son un recordatorio de la escala de desperdicios que terminan en el mar.
Aunque todavía se está investigando el impacto total de estos plásticos en la salud humana, la ciencia es clara: lo que arrojamos al océano eventualmente regresa a nosotros, ya sea en las costas o en nuestro plato.
Referencia Original
Fresh Air. (2011, 29 de marzo). «Moby-Duck»: When 28,800 Bath Toys Are Lost At Sea». NPR. https://www.npr.org/2011/03/29/134923863/moby-duck-when-28-800-bath-toys-are-lost-at-sea
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